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El 21 de julio de este 2009 se cumplen 110 años del nacimiento en 1899
de Ernest Hemingway, escritor norteamericano que vivió 20 años en Cuba, y
que en 1954 recibió el Nobel de Literatura por su novela “El viejo y el
mar”. Obra concebida en la isla inspirándose en la figura de un veterano
pescador de un poblado de nombre Cojímar en la costa Oeste de la capital
y cerca del ultramarino pueblo de Regla, de donde soy oriundo, en la Gran Habana.
Yo lo había visto en Cojímar allá por 1954 ó
1955,
voluminoso, de short medio raído, T-shirt, sandalias y gorra,
saludando gentes que atraía por montones donde estuviera, y que lo veían
como una especie de atracción de cine. Allí en Cojímar residió un tiempo este renombre de la
literatura.
Papá
Hemingway, que además de escritor era hombre de acción, se convirtió
en una celebridad al no conformarse con el simple papel de cronista
pasivo de su tiempo, sino que hizo historia al situarse activamente al
lado de las causas democráticas como corresponsal de guerra y como
combatiente: en la guerra civil española frente al
franquismo fascista, en la II Guerra Mundial al lado de los aliados
contra el nazismo, en la conspiración cubana de Cayo Confites contra el
dictador Trujillo de Santo Domingo, en la lucha insurreccional de Cuba
contra la dictadura de Batista (huyó a los EU cuando le avisaron que
sería detenido y su finca registrada), y finalmente al entrar en conflicto ideológica y psicológicamente con el castrismo e
irse de Cuba.

Hemingway comenzó como reportero del Kansas City Star, pero el
también ganador del Premio Pulitzer afirmó ya novelista famoso:
"si quieres ser buen escritor debes
renunciar al periodismo".
Miembro de la llamada “generación perdida”, como Gertrude Stein calificó
en París a los escritores norteamericanos “perdidos” porque habían
abandonado los Estados Unidos y escribían en otro país, entre sus
principales novelas están: Fiesta (1926), Adiós a las armas (1929),
Muerte en la tarde (1932), Las verdes colinas de África
(1935), Tener y no tener (1937),
Por quién doblan las campanas (1940), El viejo y el mar
(1952), París era una fiesta (editado en 1964 después de su
muerte), y el manus-crito Islas a la deriva rescatado de un banco en Cuba en 1961 por su
viuda Mary y publicado póstumamente en 1970.

Hemingway dejó 3,000
páginas inéditas de manuscritos. Varias de sus obras fueron adaptadas al cine.
De carácter fuerte, pescador de grandes pejes en los mares de Cuba y
Cayo Hueso, cazador de fieras en África, "toreador" en España, boxeador
en Estados Unidos, bebedor inflexible, mujeriego, amigo leal o enemigo
implacable, lo convirtieron en un mito al que él sería fiel toda su
vida. Pero también fue capaz de comprar un equipo de béisbol a los
muchachos del barrio de su finca "Vigía" en El Cotorro. Según sus
íntimos, además de vanidoso por ser una celebridad mundial, era un
hombre ingenuo, sencillo y generoso.
Se fue como vivió, entre libros y armas: se suicidó
al amanecer
del 2 de julio de 1961 de un
disparo de escopeta en la biblioteca de su casa en
Ketchum, Idaho, en Estados Unidos.
Con esta semblanza le rendimos
homenaje, por conmemorarse 110 años de su nacimiento, al escritor más cubano de todos los
norteamericanos. Su sensibilidad literaria y humana y su cubanía
estarán eternamente en el romantizado idealismo de nuestro maltratado espíritu.

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"Vale
más encender una simple vela que maldecir la oscuridad".
Anónimo |
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Rosa la china
fue un sainete lírico cubano en un acto que se estrenó el 27 de mayo de
1932 en el Teatro Martí de La Habana con libreto del escritor cubano
Gustavo Sánchez Gala-rraga, nacido en esa
capital en 1893,
y que se puso en escena con música de
Ernesto Lecuona.

Esa pieza teatral verná-cula se desarrolló en lugares
habituales para los habaneros como el Parque Maceo y el Puente de la Lisa. Se
trataba de un melodra-ma en que los amores de unos chocaban con el desdén
de otros, lo que dió lugar a un final con baño de sangre; todo muy del
gusto del público al que iba dirigida la obra, aunque se alejaba del
patrón habitual de la zarzuela española.

El autor fue poeta y dramaturgo. Su obra poética, de extraordi-naria
delicadeza musi-cal,
se caracterizó por sus dosificadas conce-siones
al romanticismo.
Entre sus títulos poéticos más destaca-dos
figuran La fuente matinal, La barca sonora, Cancionero
de la vida y Humo azul. Y entre sus obras dramáticas más
conoci-das
están El héroe, Carmen, El mundo de los muñecos,
La verdad de la vida, y el sainete que este 27 de mayo cumplió 77
años.
Gustavo Sánchez Gala-rraga
incrementó nota-blemente
su popula-ridad
a raíz de la estrecha colaboración que mantuvo con el pianista y
compositor musical cubano Ernesto Lecuona, para el que
escribió la
letra de numerosas canciones.

El escritor
fue presi-dente
de la sociedad Fomento del Teatro Nacional, y también de la
sección de literatura
del Ateneo de La Habana. En 1915 la Academia nacional de las
Artes y las Letras lo premió por uno de sus poemas y en 1918 lo
galardonó otra vez. El autor murio en La Habana en 1934.

Fuentes:
Internet
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