|
“Mahler,
biografía y obra, por José Luis Pérez de Arteaga”
En este mes de febrero, la editorial Antonio Machado Libros ha sacado,
en su colección “Musicalia Scherzo”, un preciso estudio sobre la vida y
la obra musical de Mahler, quien, “a pesar de que se muerte se produjo
cuando apenas comenzaba la segunda década del (siglo XX)”, es
considerado por los editores “como testigo excepcional de una época
especialmente conflictiva”. Es una erudita biografía realizada por José
Luis Pérez de Arteaga, que ha venido trabajando en ella durante los
últimos once años, como declara en la solapa del libro. En esta edición,
junto al relato de la vida del gran músico, se ofrece un estudio de su
obra musical y de su discografía completa. La importancia del conjunto
queda resaltada si consideramos que “es la mayor aportación de la
crítica española al compositor más interpretado (y discutido) de nuestro
tiempo”.
Si la biografía ocupa las 164 primeras páginas, las 215 siguientes
se destinan a la presentación detallada de su obra, con indicación del
origen de los textos, las fechas y modos musicales del estreno o
presentaciones más importantes y las letras de los textos hablados,
entre los que podemos leer algunos originales de Mahler y otros, de gran
interés poético, con añadidos del mismo creador. La tercera parte está
constituida por una enumeración exhaustiva de su discografía. Acaba el
libro con cinco páginas de bibliografía que incluyen direcciones en la
red. Vemos, así, que éste será un libro no sólo necesario para los
aficionados a Mahler, sino de gran interés didáctico para los iniciados
en la composición musical (clásica o moderna, diría yo).
Pero también, desde el punto de vista literario, las letras que
acompañan a la música son de gran delicadeza y contenido lírico. Por
ello, acabo esta reseña con la copia de los versos que acompañan la
Canción de la tierra: La novena innominada, que Mahler tomó de
autores chinos, pero entre los que incorporó algunos propios (se
destacan aquí en negrita).
VI. La despedida (Mon-Kao-Yen y Wang-Wei)
El sol desaparece tras las montañas.
En los valles cae la tarde
con sus sombras cargadas de frío.
¡Oh, mirad! Cómo un barco de plata
canta melodioso, el arroyo entre las
sombras: las flores palidecen en el
ocaso. La tierra respira en busca de
sueño y descanso.
Flota la luna sobre el mar azul del
cielo.
¡Siento el temblor de una suave brisa
tras los oscuros abetos!
Todo anhelo se transforma en sueño.
Los hombres cansados regresan al
hogar, ¡para de nuevo
aprehender
en el sueño la felicidad y juventud
olvidadas!
Los pájaros se acurrucan en sus ramas
en silencio.
El mundo duerme...
Atraviesa las sombras de mis abetos
un viento frío.
Aquí estoy esperando a mi amigo;
le aguardo para darle un último adiós.
Deseo, ¡oh, amigo!, disfrutar a tu lado
la belleza de este atardecer.
¿Dónde estás? Hace ya tanto que me
dejaste solo.
Vago de un lado a otro con mi laúd
por senderos henchidos de tierna
gleba.
¡Oh, belleza! ¡Oh, eterno mundo
embriagado de amor y de vida!
b) “Despedida del amigo”
Él desmontó de su caballo y ofreció
la bebida de la despedida.
Le preguntó a dónde
se dirigía y por qué había de ser así.
Él le habló, su voz estaba helada:
¡Amigo mío, la suerte no me fue
propicia en este mundo!
¿A dónde voy? Voy a vagar por las
montañas.
Busco reposo para mi corazón
solitario.
¡Vuelvo a mi patria, a mi hogar!
Nunca volveré a alejarme de ellos.
Tranquilo está mi corazón y aguarda su
hora:
¡La amada tierra florece en primavera
por doquier y
reverdece nuevamente! ¡Por todas
partes y
eternamente refulge azul el horizonte!
Eternamente... Eternamente...
Eternamente... Eternamente...
Eternamente... Eternamente...
|