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Por nuestro Editor Asociado Dr. Leonardo Fernández Marcané

 

JOSÉ MARÍA HEREDIA: SE RESUELVE UN MISTERIOSO ENIGMA HISTÓRICO

Heredia, el Cantor del Niágara

Vida breve, atormentada y angustiosa fue la del gran bardo José María Heredia (1803-1839), cantor del Niágara y del Teocali de Cholula, precursor del romanticismo según unos y como se ha establecido ya definitivamente y sin lugar a dudas, con pruebas concluyentes que cambian la historia de la literatura hispanoamericana, romántico de cuerpo entero de acuerdo con dichos hallazgos e investigaciones. Se ha probado en estos últimos años, que Heredia es el primer romántico de América, al haber publicado en Filadelfia, en 1826, su novela histórica romántica, Jicotencal, de tema indígena en tiempos de la Conquista, convirtiéndose de este modo en el primogénito del romanticismo en Hispanoamérica, pues se adelantó en más de un lustro al poeta Esteban Echevarría de la Argentina, que supuestamente había introducido el romanticismo en las Américas con su obra Elvira o la novia del Plata, de 1832, tras haber regresado de Francia en 1830. Todos estos nuevos descubrimientos, los relaciono y explico en mi reciente obra publicada en Ediciones Floridanas: La poesía romántica hispanoamericana, adquirible en ediciones@ediciones.com.

“Con Heredia, aparece en Cuba y en toda Hispanoamérica, lo romántico, con su genuino carácter de expresión artística, temperamental, de los impulsos vitales, libres de normas retóricas; pero, perseguido a consecuencia de su amor a Cuba y a su libertad, por el gobierno español, al poeta sólo le fue dado vivir en Cuba un tercio de su corta vida, y su influencia llegó a su patria desde el largo y penoso destierro en Norteamérica y en México. Para Cuba fue el símbolo vivo del patriotismo, perseguido brutalmente por el colonialismo, el poeta patriótico por excelencia, cuyos poemas perdurables en la memoria y en el corazón de los cubanos adoptan una forma de romántico lirismo musical comunicativo, excitante, eficaz en grado sumo como poesía patriótica; pero tajantemente diferenciable de sus cantos líricos a la naturaleza, cuya influencia se extiende por toda Hispanoamérica, y puede considerarse como la primera victoria conseguida en ella sobre el neoclasicismo, con desconocida prioridad cronológica con respecto a Europa, gracias a la precocidad excepcional del gran lírico cubano, máxima, por lo menos en la lengua española”.

Fue romántico en gran medida, por su agitada y azarosa vida de desterrado, enfermo y condenado a muerte en ausencia por la colonia, pero siempre en su inquieta existencia, poeta de la libertad; errante mensajero de la dignidad del hombre en desconsoladora misión. Nacido en Santiago de Cuba, cuna de próceres y mártires, de padres dominicanos emigrados, se dedica muy joven al estudio del derecho, como medio siglo después lo haría otro coloso, José Martí, continuador en la poesía y en el duro exilio, de la viril tradición que iba a señalar los caminos de la emancipación.

“Heredia había compuesto el primer poema romántico en lengua española, aunque fueron pocos los críticos que lo advirtieron. Este hito, en el Teocalli de Cholula, 1820, fue escrito diez años antes de que en Europa apareciera el romanticismo; sin embargo, por su compenetración de la riqueza y de la hermosura del paisaje mexicano y por las ideas del poeta acerca de la decadencia y de la muerte, es indiscutiblemente una obra romántica. Pero Heredia fue algo más que el primer poeta romántico; en su vida incluye casi todos los elementos que caracterizan a un revolucionario americano de 1820, y además todos los rasgos de un gran romántico, como Byron o Chateaubriand. Emerson o habría calificado de «hombre representativo»; en su atormentada vida y en sus años de destierro, Heredia representó la suerte común de sus colegas, los intelectuales cubanos que sufrieron las persecuciones del despotismo español profundamente arraigado allí…Heredia era hijo de un magistrado, de ascendencia dominicana, al servicio del gobierno español. A los veinte años se asoció con algunos conspiradores y fue desterrado de su país; viajó por muchas tierras, como un nuevo Childe Harold de Byron, pasando casi dos años en Boston, Filadelfia y Nueva York y yendo luego a México: ‘El torbellino revolucionario me ha hecho recorrer en poco tiempo una vasta carrera, y con más o menos fortuna, he sido abogado, soldado, viajero, profesor de lenguas, diplomático, magistrado, historiador y poeta”.

Y sigue comentando Torres Ríoseco sobre este genial poeta, el primogénito del romanticismo en América que tanto hizo en su corta vida de desterrado, y enfermo de los pulmones, acosado casi siempre por las intrigas y la fatalidad:

“Toda la vida de Heredia fue esencialmente romántica, como correspondía a un joven precoz con un corazón de ambiciones byronianas, ambiciones de gloria, de grandeza y de amor. Fue desdichado en los Estados Unidos: allí añoraba las palmeras, el sol, las brisas marinas de su isla amada…Heredia trató de ser feliz en México, país donde había ido invitado por el presidente Guadalupe Victoria y donde alcanzó altos cargos públicos como miembro del Congreso, fiscal, y juez de la Corte Suprema. El ejemplo de alusiones clásicas y mitológicas en la poesía de Heredia, ha despistado a algunos críticos, pero la esencia de su poesía, subjetivismo y melancolía, es puramente romántica. El paisaje americano aparece por primera vez en los poemas de este discípulo de Chateaubriand, Lamartine y Byron. Al igual que Shelley, lo tortura una vaga nostalgia de belleza inefable. Escribe al lucero de la tarde, a las hojas que caen, a los placeres de la melancolía, a la tempestad, al océano, al sol y a la luna. En el Teocalli de Cholula, después de observar las bellezas del paisaje mexicano y del volcán Popocatepetl, el poeta sondea el misterio del tiempo efímero. Pueblos, reyes, ciudades, han pasado, el Popcatepetl aún persiste, mas ¡ay!, no para siempre: ‘Todo perece/por ley universal, aun este mundo/tan bello y tan brillante que habitamos/ es el cadáver pálido y deforme/de otro mundo que fue”.

Heredia abraza la carrera de abogado, quizás por costumbre familiar; pero tal vez se haya incorporado a la jurisprudencia por los motivos idealistas y patrióticos que también impulsaron a hacerlo al joven Martí: “Para el hijo de Cuba, la abogacía es oficio de asistencia y enaltecimiento del cubano humilde, hasta que pueda convertirse en faena de redención colectiva; es obra de misericordia que habrá de resultar en la revolución: empresa grave, temible y sublime”.

Las cataratas fabulosas inspiran los versos de Heredia, y tras publicar sus poesías en 1825, parte rumbo al sur, cantando su “Himno del desterrado”, escudriñando con añoranza en el horizonte, los lejanos celajes de su Isla, distante y oprimida: “Pero sobre todo en su famoso poema al Niágara, Heredia se reveló como el verdadero cantor de la naturaleza americana. Aquí, un torrente de palabras, comparaciones y metáforas revela la verdadera inspiración romántica del poeta, que logra dar al lector la impresión real de una escena aterradora por su grandeza y su hermosura. Heredia ofrece una descripción perfecta de aquella maravilla natural, luego se lamenta de su soledad, lejos de la patria amada, y finalmente, eleva su pensamiento al Creador de todas las cosas terrestres. En el Niágara, la imaginación irrefrenable y el frenesí del entusiasmo lírico, se equilibran en la perfecta unidad de la forma. Los versos de Heredia son tanto más notables por su apasionado impulso, si se recuerda que cronológicamente, el fue no solo el primer poeta romántico de Hispanoamérica, sino también el primero en  lengua española. De los siete poetas románticos cubanos, a menudo llamados La Pléyade Cubana, Gertrudis Gómez de Avellaneda se trasladó a España, donde se casó varias veces y pasó su vida no muy tranquilamente; Joaquín L. Luaces eludió los peligros políticos viviendo en el retiro y encubriendo sus cantos patrióticos con nombres mitológicos. José Jacinto Milanés perdió la razón a la temprana edad de treinta años; José María Heredia y Rafael M. Mendive huyeron del país y vivieron en el destierro, mientras que Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), y Juan Clemente Zenea, fueron fusilados por orden del gobernador general”.

Hay que recordar aquí la gran precocidad de Heredia. Según los autores, a los tres años de edad, leía con soltura y al igual que Goethe, a los ocho, traducía el latín y el francés perfectamente. Es bien conocida la anécdota que relata Guiteras, tomada probablemente de Angulo: Caro, llamó al niño Heredia y lo puso a traducir latín en Horacio, el poeta protegido del emperador Augusto; maravillado por la facilidad y excelencia con que lo hacía, le hizo la lisonjera observación de que podía tenerse el niño por buen latinista, porque se necesitaba serlo para traducir a Horacio como lo hacía Heredia.

Con igual facilidad José María traducía y analizaba trozos escogidos de Virgilio. En la Habana, en 1810, el oidor de la Audiencia, José Antonio Ramos, al darse cuenta del dominio del francés que poseía el niño, le regaló un tomo de las Fables choisées de Florián, que tradujo Heredia con éxito. En México, declaró oficialmente que había estudiado en cuatro planteles universitarios: Santo Domingo, Caracas, La Habana, y México. En la Audiencia de Puerto Príncipe (1823), recibió la licenciatura de abogado. El poeta dominaba a la perfección el latín, el francés, y el italiano. Incluso aprendió el inglés. Tradujo pronto a McPherson (el falso Ossián), y a Byron. Su estancia en Estados Unidos, le hizo advertir el atraso de los países hispanoamericanos en libros elementales para la educación. La historia, no se enseñaba en forma práctica ni en las escuelas ni en las universidades. Heredia refundió y completó entonces la obra de Tytler; el poeta escribió una obra nueva, como no había ninguna en español en esos momentos.

Afirmaba sobre lo anterior el propio Heredia:“En América las letras y bellas artes apenas salen de la infancia; en los Estados Unidos del Norte se han distinguido el historiador Marshall, Cooper, novelista, y Percival, poeta. En el Brasil han brillado el poeta lírico Da Costa, el bucólico Gonzaga y Gama, poeta épico y cantor elegante de la naturaleza americana. La poesía mexicana se honra con Tagle y Ortega, poetas líricos, y divide con España los lauros de Gorostiza, poeta cómico de bastante mérito. Cuba nos presenta los sabios filósofos Varela y Saco. Restrepo ha escrito la historia de su patria, Colombia (la Gran Colombia de la época), en cuyo parnaso brillan los nombres de Bello, Madrid, y Olmedo. Si la posteridad concede lugar entre ellos como poeta al autor de estas Lecciones, dirá que Cuba fue su patria”.

Chacón y Calvo, ve una nota horaciana en Heredia, que había negado Menéndez y Pelayo. De la escuela salmantina Heredia sufre la influencia de todos sus poetas. Más de unos (Cienfuegos) que de otros (Gallego). Además de Ossián, se han señalado otros rasgos románticas de Heredia, en las numerosas traducciones y adaptaciones de escritores de esta escuela que realizó: Goethe, Fóscolo, Delavigne, Byron, Béranger, Lamartine y Legouvé. Su poesía, es ya un signo incipiente, pero firme, del romanticismo americano: “Heredia no disfrutó ni de la tranquilidad de espíritu ni del tiempo suficiente para adquirir los hábitos de un orden lúcido y de un idioma impecable. Era un niño cuando estalló el conflicto, y como tal, sufrió sus consecuencias. Cuando todavía muchacho quiso participar en el intento de dar la libertad a su isla, se estrelló contra el fracaso. Nunca iba a verla independiente. Es el poeta del fracaso, de la rebelión sofocada. En el mejor de los casos, el desdichado profeta de la libertad, el autor de los versos que habían de repetir sus compatriotas durante setenta años para animarse con ellos al esfuerzo y al   sacrificio. Entre tanto, cantó con alegría las alabanzas de los héroes de los países libres, especialmente de Washington y Bolívar.

Heredia es el más auténticamente lírico de nuestros poetas de aquellos tiempos revueltos. Es el primero de nuestra larga serie de poetas que cantaron la ausencia y el destierro, las esperanzas sin colmar y los tesoros perdidos de las ilusiones. El amor de su tierra nativa es una pasión desolada y constante. Basta la simple caricia de la tibia brisa de su clima natal, para arrancarle un grito, como en su Vuelta al Sur, 1825, uno de sus poemas más originales, si bien de los menos recordados”.

Los asuntos y temas en la poesía herediana, se refieren al entorno vital del poeta, y a las pasiones que conmovieron su existencia. La patria, la libertad, la naturaleza americana, la mujer, lo amoroso, Dios. Hay una nota que brota de su poesía y que la desborda toda; este sentimiento es la melancólica nostalgia evocativa de Heredia: “La misión del poeta no sólo consiste en brindarnos el reflejo de su reino interior. La misión del poeta, aunque él mismo no lo crea así, y aunque no llegue a advertirlo, no es otra cosa que la de interpretar los sentimientos y las ideas de aquella parte de la humanidad que convive con él y que halla en el alma de los versos, las mismas cosas y los mismos afanes que ella hubiera querido expresar. ¿Cuántas veces, mientras leemos lo que escribió el poeta, nos hemos dicho:‘Yo he sentido esto mismo’, celebrando el descubrimiento, que nos parece feliz coincidencia, y que no tiene sin embargo nada de casual. El poeta lleva en sí, aun ignorándolo, el pensamiento colectivo que convive con el suyo. Y al revelarnos sus emociones, revela también las emociones ajenas”.

Su visión de la naturaleza es innovadora; su patriotismo americanista es innegable. Nos ilustra sobre el particular, la profesora Anita Arroyo: “Bello y Heredia van al encuentro de la misma naturaleza americana, pero los diferencia una profunda divergencia de temperamento, de propósitos, de estructura mental y de conceptos y actitudes artísticas. Bello se diferencia por su versión objetiva, descriptiva, de estilo clásico, del mundo físico americano, mientras que en Heredia todo es acercamiento al paisaje, pintura animada y sintética del conjunto, y viva, ardorosa compenetración con la Naturaleza, matizada así por la fogosa y penetrante proyección sentimental del poeta en el mundo que le circunda y le acompaña con sincrónica evolución de aspectos, tonos y tensiones; de revelaciones, resonancias y mensajes. En las poesías patrióticas se manifiesta naturalmente lo americano en Heredia a través de lo cubano, teniendo como motivo inmediato el amor a una patria ideal que tiene por ámbito la América nuestra. Heredia ve y siente a través de Cuba, lo americano; siente en su propio ser el incierto y fatal destino de América, angustiosamente se preocupa por el porvenir. Así puede considerarse el poeta de la Estrella de Cuba, de la Vuelta al sur, del Himno del desterrado. Y en fin, a veces lo americano de paisaje, de fantasía y de sensibilidad, se encuentran y confunden en un solo poema, en los versos de Heredia. Con esta complejidad y riqueza, no señalada hasta ahora como convine, se presenta lo americano en la poesía herediana. Así, desde Cuba como desde México, siente y canta Heredia a la América nuestra, como un romántico de aquella «americanía andante» de que hablaba el mexicano universal Alfonso Reyes”.

Poeta, dramaturgo, profesor de historia y de literatura, jurista y crítico. Con respecto a la calidad herediana como crítico literario, los notables hispanistas Amado Alonso y Julio Caillet-Bois, lo consideran el mejor crítico de la lengua española en el siglo XIX, hasta la época de Menéndez y Pelayo. Este gran estudioso, severo censor de todo lo que tenga algún atisbo de antiespañol, faltando a la objetividad concienzuda del verdadero crítico, la emprende contra Heredia, como luego lo hará con Juan Clemente Zenea, suprimiendo de su antología los poemas patrióticos:

“Menéndez y Pelayo, el bien conocido erudito, tan lleno de pasión contra todo aquel que piensa ha atentado contra la Iglesia, España o la monarquía española, no podía hacer excepción respecto de Heredia, a quien llama «compendio y cifra de todos los rencores contra España». Nos referimos a un comentario que realiza, sin venir al caso por demás, en el cual, en tono peyorativo desde luego, dice: «No creemos que Heredia que de exceso de erudición no pecaba». Como dando a entender, no ya que le faltara a Heredia erudición, sino incluso que carecía de cultura. Algo, esto último, que sólo puede ser hijo de la pasión más ciega, que no permite ver las cosas como son, sino como deseamos verlas. El caso escogido, para el comentario antes expresado, no pudo ser más desafortunado, en nuestra opinión…A fin que no se piense que pecamos de injustos, consultamos una opinión de Juan Valera, a quien M. Pelayo llama su maestro: «Une a esto Heredia, notable buen gusto para escribir, facilidad maravillosa y crítica sana y atinada». Y otra, referida al juicio adverso de Menéndez y Pelayo en el caso de Quintana: «El odio le ciega y mientras ve como lince los defectos…desconoce o no confiesa sus altas cualidades»”.

Lo que sí es muy cierto, es que la obra de Heredia representa un influjo genial en la poesía y las letras de su tiempo, sobre todo en Cuba, donde su estro inspirado descuella en varios campos, a pesar de su ausencia de la patria, de la férrea censura colonial, y de su temprana desaparición:

“La influencia en Cuba era algo natural. Considerado como el primer poeta cubano y como el mejor y más destacado, era lógico que se siguieran sus pautas. Más aún, al ser poeta representativo del ansia de libertad de los cubanos separatistas. Además, Heredia: 1) Da inicio en Cuba a la presentación de la naturaleza espiritualizada. 2) Presenta la imagen de la patria, algo no logrado antes, incluso con sencillas evocaciones nostálgicas. 3) Es el pionero de ampliar el ámbito literario de Cuba en su contenido y pasar de la edénica delicia natural a una poesía que comprende tanto la propuesta  de problemas éticos, como las ardientes protestas de indignación contra las injusticias. 4) Da inicio a la poesía sobre el mar. 5) Contribuye a la poesía indianista, como forma de atacar al imperio español, con su poema ‘Las sombras’. Poesía indianista que tomó en Cuba un nombre local: siboneyismo, y que alcanzó gran auge con José Fornaris. Con el siboneyismo se realizaba la propaganda separatista, expresando las ansias lbertadoras al socaire de la raza india, extinguida en los primeros años de la Conquista. 6) Dio comienzo en Cuba a la poesía llamada patriótica. Todos los poetas cubanos, desde el destierro de modo abierto, o en el suelo patrio, enmascarando sus prédicas para eludir la censura y la persecución, siguieron el camino trazado por Heredia en su poética libertadora. Incluso, al editarse en Nueva York, en 1858, El laúd del desterrado, es Heredia quien encabeza la antología, como el primero y el más importante e influyente. En Cuba, todo poeta o versificador, sintió la angustia y la necesidad de poner su arte al servicio de la «sublime dignidad del hombre». Allí, la literatura puede decirse, sin incurrir en exageraciones que era una literatura revolucionaria. La poesía es el eco sordo o estruendoso de los anhelos de libertad del cubano”.

En la prosa, se distinguió Heredia por su novela histórica Jicotencal (1826), como ya hemos dicho, la primera novela romántica hispanoamericana, cuya información explico en mi obra mencionada al principio de este trabajo. También tradujo el poeta, la novela Waverly de Walter Scott, llamada en español Ahora sesenta años, de tres tomos. Como crítico literario, fue el primero y más famoso, conocido en la Europa de la época, como bien afirma Amado Alonso. Fundó en México, la revista El Iris, revitalizando así la literatura romántica  mexicana. También escribió en la revista La Miscelania, y allí publicó su prosa más importante, el ensayo de crítica literaria titulado Ensayo sobre la novela, (1832), con un estudio profundo sobre Walter Scott y ese género literario; en sus Poetas inglesas contemporáneos, analiza la poesía romántica de Byron. Junto con Milá y Fontanals, Bello, y Lista, encabeza Heredia, el surgimiento y el progreso de la crítica literaria en los tiempos románticos, continuados más tarde por Martí, Juan Valera, y Menéndez  Pelayo.

En vista de que México no tenía en aquellos momentos un himno guerrero, se le solicitó al poeta que compusiera uno, utilizando a Wenzel en la parte musical. Dicho himno fue publicado en El Iris, en 1826. Alrededor de un siglo más tarde, en 1938, divulgó la noticia el literato González del Valle. José María hizo buen uso del endecasílabo de gaita gallega, que casi nadie había cultivado desde hacía tiempo, y que se había eclipsado; para Bello, según los pies métricos, era dactílico, y para Milá, anapéstico. Por su poco uso, se le atribuyó su renovación, tras muchos años, a Darío, en su poema modernista ‘Pórtico’, pero en realidad, se le debe a Heredia. Cultivó éste, la octava con rima aguda en los versos cuarto y octavo. Fue el primero en usarla en Hispanoamérica; en la Península la usó más tarde Espronceda. Llamada octava «bermudina», no se le dio el nombre del que la utilizó inicialmente, Heredia, sino de Bermúdez de Castro que lo hizo un tiempo más tarde. La poesía y los artículos heredianos, influyeron mucho en Cuba y en México, ya que allí estimuló en su creación a los jóvenes escritores mexicanos.

“Se encaró al despotismo español, y con su lira como arma, comenzó a demoler los restos de su poderío secular en América. Ardiente, como el sol de la región que lo vio nacer, recogió y tradujo en himnos de guerra las ansias de liberación del pueblo de Cuba. Bien dijo Martí, que le llamaba padre, de la libertad: «Heredia despertó en mi alma, como en la de los cubanos todos, la pasión inextinguible por la libertad»…Su gran amargura, al regresar a morir a México, es la amargura del que se enfrenta con la ruina de sus ideales en la más espantosa soledad: «Pesan mucho sobre el corazón del genio honrado, las rodillas de todos los hombres que las doblan»…La poesía revolucionaria presenta dos grandes orientaciones que toma la poesía a partir de Heredia. Una, se cubre con imágenes transparentes o con veladas alusiones, a fin de circular, sin mayores cortapisas en el centro mismo de la tiranía. Al cantar desde Cuba, falta de toda libertad, se trata de eludir la censura o la persecución política. Algunos, quebrantan la línea general de su poética, formulando su grito de rebeldía sin aparentes subterfugios ni reticencias. Otra, que se produce en el secreto conspirativo, en los campos de la guerra o en las acogedoras tierras del exilio. Incluso, desde las celdas carcelarias da franca salida, a lo que Menéndez y Pelayo llamaba «poesía filibustera»”.

Con Heredia nace en Cuba la poesía patriótica y la firme posición de los poetas cubanos frente al severo poder colonial. Tras él irán los otros: Milanés, Plácido, Zenea, Teurbe Tolón, Martí, y muchos más. Todos murieron en el destierro, en la horca, en el fragor de la lucha, o frente al pelotón de fusilamiento, con la excepción de Milanés, que perdió la razón, y Teurbe que llegó a la Isla ya moribundo. La Avellaneda, tan famosa y allegada a las altas esferas madrileñas, muere en España, sola y desengañada, y nos dice Zorrilla, que en el entierro, vio sólo a unas pocas personas, y que casi ninguna era conocida. Los versos patrióticos de Heredia, verdaderos himnos bélicos, fueron la chispa que propagaron el incendio en el alma cubana, hasta entonces, medio aletargada, dormida, enajenada o inactiva.

Esos notables poemas, fueron mucho más útiles que los artículos periodísticos, los libros de civismo y amor a la patria, o los discursos y mítines políticos, debido a que llegaban al espíritu íntimo y esencial del pueblo, y que se trasmitían de boca en boca, por tradición oral, con una difusión arrolladora. Las autoridades coloniales y peninsulares prohibieron su publicación, y recogieron para destruirlo, todo lo que pudieron de lo ya publicado, como ocurrió con dos novelas sociales de la Avellaneda, que nunca incursionó en la  política; pero la propagación verbal y clandestina de la obra herediana, en muchos casos, como la de todos los patriotas vesificadores, se llevaba a la memoria, recinto inviolable del pensamiento humano, y se trasmitían por tradición oral.

Asimismo, se leían y se recitaban en público y en privado, y hay autores que indican que eran como plegarias dirigidas al cielo: en el seno de los hogares, en los corrillos y en las plazas públicas, en las charlas de sobremesa, en los recintos encopetados y en las casas de los menesterosos. Tan es así, que al cesar la soberanía española en Cuba, a fines ya del siglo XIX, varios ministros peninsulares, entre ellos el de Ultramar, se despiden con gran pesar de la “Siempre Fiel Isla de Cuba”, recitando algunos poemas de Heredia sobre la fauna y la flora de la Perla de Las Antillas; pero tuvieron que cortar y suprimir las estrofas de quejas políticas contra la Península. Versos de aquel preclaro e ilustre enemigo desterrado, que murió desvalido y tísico en México a los 36 años de edad, y que fue sepultado en la fosa común; debido a eso, se desconoce en la actualidad dónde reposan sus restos. De Heredia y Teurbe Tolón, expone don Max Henríquez Ureña, a quien conocí ya muy anciano, en sus extraordinarias clases de literatura en la Universidad de Puerto Rico, y que vivió mucho tiempo en Santiago de Cuba, lo siguiente:

“Estrechamente vinculados a la primera conspiración, la de los Rayos y Soles de Bolívar, abortada en 1823, estuvieron los poetas Miguel T. Tolón y José María Heredia. Ambos emigraron y este último consagró a México sus nobles actividades cívicas. A partir de Heredia la vida intelectual de Cuba se divide en dos grandes núcleos: los que desde la emigración escriben libremente y abogan por cambios sustanciales, y los que en Cuba laboran por la difusión de la cultura y expresan sus ideas con la moderación que imponen las circunstancias. La literatura era en Cuba el lícito refugio de los que se atrevían a pensar”.

            De la poesía patriótica civil de Heredia, se refieren a la Isla en particular, cinco poemas, entre ellos, uno muy conocido, “La Estrella de Cuba”, que junto con su “Himno del desterrado”, tuvo gran nombradía. Expone en su excelente obra, el profesor Julio Garcerán de Vall,  que probablemente compusiera el poeta el primero de ellos, en Matanzas, en octubre de 1823; y que fue elaborado en el período de tiempo que medió, entre su denuncia y acusación, como uno de los cabecillas en la conspiración de los “Rayos y Soles de Bolívar”, y su salida de Cuba un mes más tarde, en el barco “Galaxi”, desde la bahía de Matanzas. De allí saldría perseguido al destierro, como lo hiciera años más tarde del mismo sitio y en similares circunstancias, el afamado novelista Cirilo Villaverde. Con respecto a Heredia, y a todos los patriotas cubanos de la época, sabemos que, como Bolívar, tenía decretada la emancipación de Cuba y Puerto Rico, tras haberse concluido la campaña del Perú y el triunfo final de las armas bolivarianas, estos efluvios redentores pasaron a las Antillas, y en particular, a Cuba. De ahí surgió esta fracasada conjura. Hubo conspiraciones, intentonas y guerras, aunque la liberación y la independencia no pudieron lograrse hasta tres cuartos de siglo después. “La Estrella de Cuba”, es un poema escrito en octavas de arte mayor decasílabas o endecasílabas, cuyos versos cuarto y octavo, como hemos señalado, tienen rima común aguda (las llamadas estrofas bermudinas).

En él, fustiga Heredia a los gobernantes que oprimen a Cuba, y los llama: viles, traidores, insolentes, feroces. La estrella libre de Cuba, se eleva ante los opresores, simbolizando los ideales de la emancipación. Muchos han creído que la idea de la estrella solitaria en el triángulo rojo de nuestra enseña patria, se debió a Heredia. Fue en realidad, diseñada por Narciso López en su primera expedición a Cuba. Le faltaba algo más al triángulo y las franjas. Se le sugirió, el emblema del gran arquitecto masónico, de acuerdo con el criterio de la época. Mas López, optó por la estrella solitaria de la entonces bandera de la República de Tejas, escogiendo así, este símbolo heráldico republicano. Sobre el influjo de Heredia en cuanto a lo patriótico, también establecieron las composiciones poéticas heredianas, la métrica y estrofa desarrolladas por el prócer bayamés Pedro Figueredo, para componer el himno nacional de Cuba, al comenzar la Guerra de los Diez Años. Otra versión indica que fue delineada por el poeta Tolón. Hay historiadores, que afirman:

“Por eso también su gran parecido con la bandera de Texas, diseñada con el mismo objetivo. Martí, en párrafos de gran belleza, se refirió a esa bandera, la bandera de López y Walker, lavada ya su significación anexionista, con la lucha de la Guerra de los Diez Años”.

Es decir, que la contribución de Heredia fue más bien en el la forma general del himno nacional cubano, que en la bandera. Sobre esta similitud, escriben los historiadores que tres lustros más tarde, el chileno Vicuña Mackenna y otros patriotas cubanos, sugirieron el bosquejo de la bandera de Carlos Manuel de Céspedes, que iba luego a iniciar la Guerra Grande, y que por eso, la misma es muy similar a las enseñas de Chile y de Tejas. Con respecto a lo político en Heredia, ha aseverado Emilio Carilla: “Hay una activa prédica de Heredia, la cual, junto a su labor periodística, determina algunos discursos y artículos políticos de mérito y algunas composiciones poéticas de carácter patriótico…y por otra parte, una naturaleza sentimental de vigorosa raíz romántica. Esta última es más perceptible en razón de que es la que prevalece en las poesías más famosas de Heredia”.

            Refiriéndonos a Heredia, cabe expresar, como afirman muchos, que fue el poeta desterrado de los versos patrióticos más leídos e influyentes del siglo XIX cubano. Y el primer vate hispanoamericano que ganó merecida y amplia fama en Europa, anticipándose a muchos poetas y críticos europeos: “Hasta 1826, Lord Byron apenas se menciona en España. Su primer imitador no es un español, sino un cubano José María Heredia en Versos escritos en el álbum de una señorita, imitando a Byron (1826). Dentro del mundo hispánico, la primera crítica sobre la novela histórica, se debe al cubano José María Heredia”.

Nunca pudo ocultar su admiración por Heredia, José Martí, que se refirió muchas veces al poeta, en discursos,  conferencias y ensayos: “El primer poeta de América es Heredia. Sólo él ha puesto en sus versos la sublimidad, pompa y fuego de su naturaleza. El es volcánico como sus entrañas, y sereno como sus alturas”.

            Por último, Jorge Mañach, Manuel Pedro González, Lomberto Díaz, Julio Garcerán, Angel Aparicio, y Alejandro González Acosta, entre otros, con la nueva crítica literaria, han proclamado la primogenitura herediana en cuanto a lo romántico. Mañach, en Heredia y el romanticismo, procura corregir la periodización de los tres momentos de Heredia, propuesta por Chacón y Calvo, sobre la base de las influencias literarias, para afirmar que, antes de la tercera y romántica etapa de Heredia, éste era ya un romántico consumado.


Acto solemne del Museo Cubano in memorian del Dr. Marcané que

recientemente falleciera. Vea Gráficas


 

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