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POESÍA Sección dedicada a poemas y poetas La dictadura del silencio, por Daniel Lacatus
bajaba muerta.
La dictadura del silencio
interrogaba mi pluma.
En la intima calma
los rocas han dado a luz
contra una diosa-
se me fue la vida.
Poema de JOSÉ MARTÍ, Apóstol de Cuba y de América, que escribió a su madre en 1868, a los quince años de edad. Probablemente sean de sus primeros versos.
A MI MADRE
Madre del alma, madre querida, son tus natales, quiero cantar porque mi alma, de amor henchida, aunque muy joven, nunca se olvida de la que vida me hubo de dar.
Pasan los años, vuelan las horas que yo a tu lado no siento ir, por tus caricias arrobadoras y las miradas tan seductoras que hacen mi pecho fuerte latir.
A Dios yo pido constantemente para mis padres vida inmortal; porque es muy grato, sobre la frente sentir el roce de un beso ardiente que de otra boca nunca es igual. QUIERO
por Juan Alborná Salado (Director de Literarias) Quiero vivir frente al mar con aire natural y no acondicionado quiero pacientemente cocinar en ollas de barro y no de teflón quiero hacerlo con leña a fuego lento y no con gas acelerado quiero escuchar una vieja melodía instrumental y no reguetón quiero, en fin, regresar al pasado y alejarme de la civilización.
Adormideras por Ulises Varsovia
En la paz de las adormideras, desplegar, de súbito, las alas, y dejar de ser y seguir siendo en la transposición cardinal de tiempo y conciencia terrestres.
Así como si ni origen ni rumbo, como si ni destino ni nenúfar en la amnésica nebulosa urdida en torno a la luz y a lo viviente.
Adentro de mí, y de mí ausente, errante por mí en la obnubilancia de renuncia y negación, de cancela y cerrojo en la hermenéutica del ser de sí mismo despojado.
Toda una larga historia del efímero gusano encerrado en su capullo, hilando, tejiendo su indumentaria de sueños despiadadamente rotos, despiadadamente terrenales.
En el follaje de las adormideras, el indefinible especimen astral jocundo de lúcida ceguera, ebrio de un narcótico intemporal en la órbita de lo inenarrable.
La realidad tu capullo infranqueable, tu celda monacal sellada. Pero un sólo golpe de adormideras, una inhalación de aromas órficos, y tu estúpida conciencia trascendida, tu regreso a la amnesia original.
(De. Anunciación. 2002) -en el 2009 fue el 52 aniversario de su caída en combate en lucha contra la dictadura de Batista el 13 de marzo de 1957 por la democracia y la libertad- CANTO A JOSÉ ANTONIO ECHEVERRÍA*
Por Alfredo Cepero
Había una vez un joven que soñaba despierto con una patria justa y un pueblo sin dueño. Y era tan intenso y grandioso su sueño que no ha sido alterado por la muerte ni el tiempo.
Al contrario, a cincuenta años de distancia y silencio su grito libertario cabalga sobre el viento. Su palabra es mensaje, su conducta es ejemplo para un pueblo que busca angustiado el regreso.
Por eso en esta noche de presencia y recuerdo no es permitido el llanto, ni el dolor, ni el lamento, porque, para nosotros, José Antonio no ha muerto mientras haya un cubano que lo lleve en su pecho.
Mientras en la patria de nuestros anhelos la libertad se pague en mártires y presos; el odio sea consigna, el terror ande suelto y el hambre el compañero de niños y de viejos...
José Antonio es entonces el eterno guerrero para todos los hombres y todos los tiempos, contra todo tirano que le oprima a su pueblo en la Cuba de antes y en la de este momento.
Y nosotros, somos todos su ejército de ideal y esperanza, más ardientes que el fuego.
Y con él caminamos en dimensión de ascenso hacia la cumbre mística de su pensamiento; donde nadie se sienta con poder o derecho a que sus ambiciones puedan ser privilegios.
Porque éste Capitán de nuestro empeño ya está libre de pasiones y desvelos; y sólo aspira a que en Cuba y en los Cielos reinen amor y perdón sin paralelos.
José Antonio, hermano, compatriota y compañero, en esta noche de recuerdo y juramento, te juramos que no descansaremos hasta que el sacrificio heroico de los muertos, no haya encontrado razón para el sosiego en la realidad maravillosa de tu sueño.
*José Antonio Echeverría fue presidente en Cuba de la Federación Estudiantil Universitaria a fines de los años 50s y fundador del Directorio Revolucionario en su lucha contra Batista. Nunca soñé por Rolando Revagliatti Nunca soñé con tres ojos que me escrutaran desde un pescuezo de jirafa. Que me escrutaran no sin dejar de entornarse alguno, alternativamente. Tres ojos y no tres pares de ojos de diferentes tonalidades. Tres ojos oscuros idénticos. Y que se posaran sobre mí sin benevolencia ni animosidad. Desde un pescuezo inconfundible, irreprochable. Desde una jirafa de la que pudieran pender arañas plateadas, moribundas, o exhaustas. Pendiendo como sólo penden lo esencial y lo sutil. Lo sutil exhausto, lo esencial moribundo. No estaríamos ellas y yo en un zoológico o en un ambiente no trastornado por el hombre. Pero yo no distinguiría el sitio, y hasta ese momento sería únicamente mis cuatro pintorescas narices, olfateando en vano, desasidas de cabeza reconocible. Yo consistiría, hasta entonces, en una pura memoria guiñolesca, afanándose por recuperarme. Sería, claro, una sustancia en su propia procura. Nunca soñé con algo rubio gelatinoso aposentado sobre un punto cardinal. Ni me soñé punto cardinal sobre el que se aposentara determinada o indeterminada gelatinosa rubiedad. Nunca soñé con escaleras derritiéndose sobre un valle de incienso. Dos mil ochocientos peldaños, sumando las sesenta y seis escaleras de fibra. Incienso que cubre todo el valle al que pertenezco desde mi primer sueño anotado en un cuaderno infantil. No estaría allí como ninguna de mis presencias mensurables. Y sin embargo, me brindaría a derretirme. Nunca soñé con hexágonos de piel humana impidiéndome apoderarme de la gracia. Es poco no haber soñado nunca con la gracia apoderada impidiéndome la humana piel de los hexágonos. Nunca soñé con el antojadizo poder de cristalizar, seccionar y envasar un crepúsculo. Y darlo a consumir sin reparos. Antojo de consumición. Nunca soñé con un espejismo, ni cóncavo ni convexo. Espejismo con el que hubiera podido restituírseme la gobernabilidad de mis sueños.
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