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Al cumplirse el
Cincuentenario de la Protesta en el Parque Central de La Habana,
el 5 de febrero de 1960, por la visita a Cuba de Anastas Mikoyan,
el vice primer ministro de la Unión Soviética, los jóvenes
universitarios, participantes de aquella jornada, queremos
proyectar la memoria de lo ocurrido hace 50 años, para que sirva
de experiencia humana a la juventud cubana actual, que encara la
enorme responsabilidad de concebir un itinerario de
reconciliación, de libertad y de transición hacia la democracia
en Cuba.
Por eso llamamos
al evento recordatorio, lo pasado es prólogo.
La protesta ante
la estatua de José Martí fue un acto de desagravio al Apóstol de
la Independencia de Cuba, por la visita del dirigente soviético
a la isla, que había ordenado a los tanques rusos aplastar en
1956 el levantamiento libertario en Budapest, Hungría.
También la
protesta fue una acción de alerta a la ciudadanía por los
intentos, que ya se hacían y más tarde se hicieron realidad, de
desviar a la revolución cubana hacia los causes del comunismo
soviético.
Los que
promovimos aquella protesta, queremos recordar en primera
instancia, la memoria de Juanín Pereira y todos los compañeros
que fallecieron posteriormente, por oponerse a la instauración
del autoritarismo comunista en Cuba.
Para algunos
observadores de la época, la Protesta del Parque Central, pudo
parecer un acto prematuro ante un proceso revolucionario tan
popular, como el de 1959, del cual formábamos parte.
Sin embargo,
para nosotros entonces, la connotación de la visita a Cuba de
Anastas Mikoyan, tenía aristas muy graves y comprometedoras para
el presente entonces de la nación cubana.
El escenario
cubano de la época se debatía precisamente entre los defensores
de una revolución que había prometido el respeto a la civilidad,
al estado de derecho, la restauración de las libertades y
elecciones democráticas en 18 meses, y en el reverso o
contrapartida, los defensores de desviar la revolución hacía el
comunismo-estalinista.
No fue un debate
de popularidad lo que discutimos en aquel momento, los
promotores del evento del Parque Central, sino un debate de
principios éticos muy sensibles que determinarían profundamente
en la historia de Cuba en los años por venir.
Lamentablemente
y lo decimos con pesar, ese debate confrontacional en el
escenario nacional cubano, asumió contornos de violencia en el
marco de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión
Soviética.
Finalmente Cuba
cayó en manos del totalitarismo comunista.
Definitivamente
fue más eficiente la ayuda de los soviéticos a los cubanos
comunistas, que la ayuda de los Estados Unidos a los cubanos que
defendían la libertad y la democracia.
Y la victoria de
los primeros, los sovietizantes, sobre los segundos, los cubanos
libres, fue realmente apabullante.
Cincuenta años
después, el precio que ha tenido que pagar el pueblo cubano por
este desenlace es doloroso. El país vive la peor crisis de
desencanto, de carencias alimentarias, de déficits de viviendas,
de estímulos productivos, y de falta de libertad que ha conocido
en toda su historia, desde la experiencia miserable de la
esclavitud.
Cuba hoy está
dividida en varios segmentos sociales muy claramente
identificables. En intramuros, el aparato gubernamental, cada
día más aislado, las Fuerzas Armadas, en control de las
instituciones económicas más sensibles y el Partido Comunista,
una ficción virtual, en espera de vitalidad.
También dentro
de Cuba, los presos políticos, la disidencia pacífica
perseguida, la juventud descontenta, los negros cubanos
discriminados, los blogueros y el pueblo desencantado.
En la otra
orilla, allende las mares del Golfo, más de un millón de cubanos
desterrados y traumatizados por vivir lejos de su tierra natal.
Fue precisamente
este escenario de quiebra social lo que pretendió alertar la
Protesta del 5 de febrero de 1960 en el Parque Central de La
Habana. Estamos obligados a resumir los sacrificios que ha
tenido que pagar el pueblo de Cuba en prisiones, represiones,
torturas y maltratos de parte de un régimen autoritario e
inescrupuloso:
Una vez pasada
la confrontación inicial dentro del marco de la Guerra Fría, en
la cual la oposición democrática al régimen comunista fue
derrotada, las expresiones de la disidencia del pueblo cubano
han tomado el marco pacífico del Mahatma Gandhi.
En la década de
1960: El trabajo forzado en la prisión de Isla de Pinos, los
fusilamientos y los maltratos en las prisiones políticas dieron
pinceladas de dramatismo al dolor cubano.
La batalla de
Girón confirmó que nuestro principal aliado carecía de un
concepto íntegro de responsabilidad solidaria.
En la década de
1970 surge el movimiento de Derechos Humanos, encarnado en
figuras históricas, como las de Elena Mederos, Gustavo Arcos
Berne y Ricardo Bofill, que escenificaron los prolegómenos de
una lucha de denuncias que dio a conocer al mundo, una realidad
descarnada de abusos y torturas en la historia cubana, que pocos
imaginaban.
En la década de
1980, no podemos pasar por alto la huída en balsas de cientos de
cubanos, que provocaron los eventos de la Embajada del Perú en
La Habana y el Éxodo de Mariel. Todos estos hechos absolutamente
pacíficos.
En la década de
1990, un gigante moral de la raza negra, el doctor Oscar E.
Biscet, escenificó un grito de rebeldía pidiendo el respeto a la
dignidad de la persona humana en Cuba.
Todavía Biscet
guarda prisión por aquella rebeldía inmaculada.
En la década del
2000, otro incansable luchador, Oswaldo Payá Sardiñas, al frente
del Movimiento Cristiano Liberación, recogieron las firmas
requeridas, para de acuerdo a la Constitución vigente en Cuba,
realizar una consulta al pueblo cubano.
La respuesta
oficial a esta petición fue la prisión de la mayoría de los
dirigentes de este grupo, durante la Primavera del 2003 con la
detención de los 75 oposicionistas y la insólita declaración
oficial de que el socialismo marxista era vitalicio e
irreversible en la isla.
También el
fusilamiento de los tres jóvenes negros ese mismo año, por el
simple hecho de querer abandonar la isla estremeció la
conciencia nacional e internacional y hasta provocó una
protesta de intelectuales y varios Premios Nobel en el mundo.
En la década en
curso, surgen las voces críticas de la blogósfera cubana, que
encabeza Yoani Sánchez y su blog Generación Y, con un grupo
numeroso de jóvenes bloggers cubanos, muy comprometidos con el
futuro de justicia y libertad que Cuba merece.
La prisión
reciente del doctor Darsy Ferrer y la agonía en prisión del
disidente Orlando Zapata Tamayo, ambos de la raza negra, son
síntomas de que la furia represiva del régimen no tiene límites,
a pesar del colapso económico que hunde a Cuba en un lodazal de
necesidades y carencias.
Y son
precisamente todas estas expresiones de rebeldía pacífica y de
sufrimientos a través de estos 50 años, de las cuales sólo hemos
mencionado algunas por razones de espacio, las que van a
proseguir el itinerario de libertad, que escenificó la Protesta
del Parque Central.
La juventud
cubana es la que tendrá que decidir el camino a seguir,
conjuntamente con el pueblo cubano, para lograr los cambios
esperados hacia la libertad.
Los
participantes de la Protesta del Parque Central no queremos que
la memoria que protagonizamos se convierta en nostalgia, sino en
acción de reconciliación y de liberalización entre todos los
cubanos.
Y eso permite
que hoy ofrezcamos con humildad nuestra experiencia pasada, como
prólogo de solidaridad y colaboración mirando hacia el futuro.
Y en esa mirada, no excluimos a nadie.
Cuba tiene que
encausarse por un pluralismo civilista y democrático, que
ofrezca oportunidades a todos los cubanos, de todas las razas,
sexos, ideas políticas y religiones, tanto en el campo de la
iniciativa privada, como en el campo de la socialización.
La Cuba del
futuro debe ser inclusiva y plena en justicia social, para
garantizar con la libertad, la educación, la participación de
todos en el esfuerzo productivo y un servicio médico gratuito a
todos los cubanos, la felicidad del pueblo cubano.
Todos los
cubanos tenemos que aportar para reinventar e insertar a Cuba en
la comunidad internacional de naciones libres.
Este es un reto
de todos. Por eso hoy para nosotros los participantes en la
Protesta del Parque Central, lo pasado es prólogo…
Nota: Palabras de Alberto Muller, en
representación de los jóvenes que participaron en la Protesta
contra Mikoyan en 1960 en el Parque Central de La Habana. |