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El
pensamiento que ha creado la crisis no puede ser el mismo que vaya a
solucionarla

Por
Leonardo Boff
Traducción:
Melissa Alfaro
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Leonardo
Boff nació el 14
diciembre de 1938 en
Concordia, estado de Santa Catarina,
Brasil. Teólogo, filósofo y escritor, es
conocido por su apoyo
activo a los derechos de
los pobres y excluidos sociales.
En la actualidad es
profesor eméritus de Ética,
Filosofía de la Religión
y Ecología en la Universidad Estatal de Río
de Janeiro. |
Frente a la crisis: cuatro principios y cuatro virtudes
Goza de plena actualidad esta frase de Einstein: «el pensamiento que ha
creado la crisis no puede ser el mismo que va a solucionarla». Es
demasiado tarde para hacer sólo reformas, éstas no cambian el
pensamiento. Necesitamos partir de otro pensamiento, fundado en
principios y valores que puedan sustentar un nuevo ensayo de
civilización. O si no, tendremos que aceptar un camino que nos lleva al
precipicio. Los dinosaurios ya lo recorrieron.
Mi sentimiento del mundo me dice que hay cuatro principios y cuatro
virtudes capaces de garantizar un futuro bueno para la Tierra y la vida.
Aquí solamente voy a enunciarlos, sin espacio para profundizar en ellos,
cosa que he hecho en varias publicaciones en los últimos años.
El primero es el cuidado. El cuidado es una relación de no agresión y de
amor a la Tierra y a cualquier otro ser. El cuidado se opone a la
dominación que caracteriza el viejo paradigma. El cuidado regenera las
heridas pasadas y evita las futuras. Retarda la fuerza irrefrenable de
la entropía y permite que todo pueda vivir y durar más. Para los
orientales lo equivalente al cuidado es la compasión; por ella nunca se
deja abandonado al que sufre; se camina, se solidariza y se alegra uno
con él.
El segundo es el respeto. Cada ser posee un valor intrínseco,
independientemente de su uso humano. Expresa alguna potencialidad del
universo, tiene algo que revelarnos y merece existir y vivir. El respeto
reconoce y acoge al otro como otro y se propone convivir pacíficamente
con él. Ético es respetar ilimitadamente todo lo que existe y vive.
El tercero es la responsabilidad universal. Por ella, el ser humano y la
sociedad se dan cuenta de las consecuencias benéficas o funestas de sus
acciones. Ambos tienen que cuidar la cualidad de las relaciones con los
otros y con la naturaleza para que no sean hostiles sino amigables hacia
la vida. Con los medios de destrucción ya fabricados, la humanidad, por
falta de responsabilidad, puede autoeliminarse y dañar la biosfera.
El cuarto principio es la cooperación incondicional. La ley universal de
la evolución no es la competición en la que gana el más fuerte, sino la
interdependencia de todos con todos. Todos cooperan entre sí para
coevolucionar y para asegurar la biodiversidad. Por la cooperación de
unos con otros, nuestros antepasados se volvieron humanos. El mercado
globalizado está gobernado por la más rígida competición, sin espacio
para la cooperación. Por eso, campean el individualismo y el egoísmo que
subyacen a la crisis actual y que han impedido hasta ahora cualquier
consenso posible frente a los cambios climáticos.
Estos cuatro principios deben venir acompañados de cuatro virtudes,
imprescindibles para la consolidación del nuevo orden.
La primera es la hospitalidad, virtud primordial, según Kant, para la
república mundial. Todos tenemos el derecho de ser acogidos, lo que se
corresponde con el deber de acoger a los otros. Esta virtud será
fundamental frente al flujo de los pueblos y los millones de refugiados
climáticos que surgirán en los próximos años. No debe haber, como hay,
extra-comunitarios.
La segunda es la convivencia con los diferentes. La globalización del
experimento hombre no anula las diferencias culturales con las cuales
tenemos que aprender a convivir, a intercambiar, a complementarnos y a
enriquecernos con los intercambios mutuos.
La tercera es la tolerancia. No todos los valores y costumbres
culturales son convergentes y de fácil aceptación. De ahí se impone la
tolerancia activa de reconocer el derecho del otro de existir como
diferente y garantizarle su plena expresión.
La cuarta es la comensalidad. Todos los seres humanos deben tener acceso
solidario y suficiente a los medios de vida, y seguridad alimentaria.
Deben poder sentirse miembros de la misma familia que comen y beben
juntos. No sólo es la nutrición necesaria, se trata de un rito de
confraternización.
Todos los esfuerzos serán en balde si la Río+20 de 2012 se limita
solamente a discutir medidas prácticas para mitigar el calentamiento
global, sin discutir otros principios y valores que pueden generar un
consenso mínimo entre todos y dar así sostenibilidad a nuestra
civilización. En caso contrario, la crisis continuará su acción
corrosiva hasta transformarse en una tragedia. Tenemos medios y ciencia
para alcanzar esta sostenibilidad. Sólo nos falta voluntad y amor a la
vida, la nuestra y la de nuestros hijos y nietos. Que el Espíritu que
preside la historia no nos falte.
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